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merece el rótulo de Sal de la tierra, pues es seguro y
confiable.
No
tiende a tropezar cuando camina, pues sus ojos y pies se
centrarán directamente sobre el suelo, no en las nubes.
Como
número 4, posee más que su cuota de buen sentido común.
Puede
que no sea un brujo mental, pero es un ciudadano estable y
firme, que es férreo trabajador, y conservador en sus puntos
de vista y en su modo de encarar las finanzas.